En honor a nuestro icono desde hace ya 50 años, hemos querido dedicar un espacio al día mundial de esta fascinante ave acuática, cuyas alas se transformaron en eficientes aletas natatorias durante la evolución hace miles de años. 

Los expertos comentan que existen hasta dieciocho especies de pingüinos diferentes, todos ellos con la misma característica común: han perdido la capacidad de volar a cambio de ser excelentes nadadores. Su cuerpo está cubierto de plumas, poseen una gruesa capa de grasa bajo la piel y una lengua muy espinosa les permite engullir a sus presas enteras, ya que no tienen dientes para masticar. 

¿Sabías que nuestro pingüino es el pingüino rey?

El pingüino rey (Aptenodytes patagonicus) es la segunda especie de pingüino más grande que conocemos después del pingüino emperador. Es, además, uno de los mejores buceadores, pudiendo llegar a más de doscientos metros de profundidad (con récords de hasta trescientos metros) y a quedarse bajo el agua tiempos largos, pudiendo llegar a los diez minutos sin salir a la superficie. Su altura oscila entre 70 y 100 cm y pesa entre 10 y 16 kg. Se alimenta de pequeños peces, crustáceos y calamares. 

En su hábitat natural, mayormente la región de la Antártida, el pingüino rey puede vivir hasta los treinta años. Aunque no es una especie de pingüino amenazada, 10 de las 18 especies de pingüinos sí lo están. Algunas de ellas como el pingüino Adelia o el de las Galápagos están en peligro de extinción debido sobre todo al calentamiento global, el aumento de la contaminación de los océanos, la expansión de especies invasoras o la sobrepesca, según el National Geographic. 

Son varias las asociaciones dedicadas a la conservación de esta maravillosa ave, que gracias a la presión de diversas asociaciones obtuvieron la calificación legal de especie protegida de la caza, prohibiendo tanto la captura de los pingüinos como la recolección de sus huevos. Además, existen zonas y refugios donde habitan los pingüinos que se han catalogado como Parque Nacional o Reserva Natural, protegiendo no solo a los pingüinos sino también a las otras especies que cohabitan con ellos.

Aunque la mejor opción sería la reproducción natural, también existen programas de cría y rehabilitación que ayudan a su conservación.